miércoles, 17 de julio de 2013

Vanesa 2

Después de dos horas de camino parecía que el sol nos daba una pequeña tregua y decidimos descansar bajo el techado de una casa abandonada que encontramos. La silueta de Vanesa andando parecia una danza ancestral entre el cielo y la tierra. Se contoneaba con todo lujo de detalles de una manera muy sencilla. Sus cabellos no entorpecían su belleza, solo dibujaban el aire que la acariciaba en cada movimiento.

Nunca me había sentido atraída por otra mujer. Realmente, no me sentía atraída sexualmente por Vanesa, pero sí sentía cierta fascinación por su ser.

Habíamos cruzado cuatro palabras y me sentía en el momento de saber más de ella.

-¿Para qué quieres saber de mí?

-No sé, para entablar conversación -dije algo cortada por su reacción- casi no sabemos nada la una de la otra y...

-¿Qué necesitas saber? -preguntó cortante Vanesa- ¿Cómo me llamo? Vanesa ya lo sabes ¿De dónde vengo? Eso no tiene importancia ¿A dónde voy? Ni siquiera yo misma lo sé. Nos pasamos media vida preguntándonos sobre los demás y nunca nos paramos a conocerlos nosotros mismos. No importa lo que te cuente de mi porque todo lo que diga en este momento pasará por el filtro de tu imaginación y lo interpretaras de una manera u otra pero jamás será fiel a lo que yo quiero contarte, a lo que de verdad yo soy. Solo puedes conocer de mí lo que yo te de en este momento. Solo podemos conocernos por los momentos que nos regalamos los unos a los otros. Esa es la mejor manera de saber lo que quieras saber de cualquier persona.

Las palabras de Vanesa penetraron mi mente muy fuertemente haciendome ver cosas de mi misma que jamás había visto.

Siempre tuve la inmensa necesidad de agradar a los demás, y eso no me había traido más que decepciones. Siempre he necesitado absorver el alma de los demás desde el primer momento, sin dejarlos respirar, sin dejarlos ser ellos mismos en ningún momento, sin dejarlos darme a conocer su interior, sólo imaginandome lo que yo quería que hubiera dentro de los demás pero sin pararme a encontrarlo por mi misma. Vanesa era la primera persona que conocía realmente.

-Perdona si he sido un poco borde-dijo esbozando una leve sonrisa-pero estoy harta de tener que decir quien soy y por qué esto y por qué lo otro... He venido a... no sé donde porque necesitaba estar en no sé que sitio y perderme durante un tiempo.

-Eso mismo me gusta hacer a mi, perderme y buscar mi libertad.

-Es curioso. Yo también busco la libertad, pero siempre ha de ser a través de algo y eso me parece horrible. Necesitamos perdernos y no somos capaces de hacerlo por nosotras mismas, necesitamos un coche.

-Pero no necesitamos a nadie que conduzca por nosotras.

-Bueno, en tu caso no, pero yo sí que lo necesito y aquí me veo buscando almas rodantes que me acompañen a ninguna parte.

Volvimos a quedarnos en silencio. Vimos anochecer juntas sintiendo solo el respirar la una de la otra.

-Tendríamos que irnos ya ¿no?

-Es buena idea, vete tú -dijo Vanesa muy convencida- yo prefiero quedarme aquí mirando las estrellas.

-Pero...-mascullé preocupada- no hay nada por aquí cerca y podria pasarte algo ¿Cómo volverás a casa?

Vanesa sonrió y tomó aire. Después me dijo:

-Necesito ser libre todo el día. Necesito ser libre de día y también de noche. El cielo maravilloso que la naturaleza hoy me ofrece es lo que de verdad me apetece. No puedo montarme en un vehículo y volver a ninguna parte sólo porque es tarde, sólo porque no tengo la certeza de cuando podré volver. No sé cuando volverá a pasar alguien por aquí y ni siquiera tengo la certeza de que alguien vuelva a pisar esta tierra mañana, pero me da igual. Necesito vivir el presente y mi presente -alzó la mirada arriba- es ese cielo brillante, mágico.

Volví a pensar en mi misma, en cómo, durante gran parte de mi vida, solo había hecho cosas esperando otras a cambio sin disfrutarlas en ese momento; cómo había mirado siempre al futuro sin disfrutar el presente. Vanesa me estaba enseñando demasiadas cosas en demasiado poco tiempo. Con su discurso no me entraron ganas de quedarme allí  contemplando las estrellas con ella, aunque su presencia me fascinaba realmente. Su discurso me hizo tener ganas de volver a casa y poner orden en mi vida, de volver a hacer las cosas con el corazón y menos con la supuesta lógica que nos rodea.

-He de irme-le dije tajante-gracias.

-Buen viaje-me dijo mientras se daba la vuelta y continuaba el camino hacía el lado contrario.

Me sorprendió mucho que no dijera nada más, quizás ya había vuelto a esperar demasiado de alguien. Vanesa me había dado más que otra persona en mucho tiempo. Con su fugaz aparición en mi vida me enseñó a amar de verdad. Comprendí que el verdadero amor no se dice, aprendí a que el verdadero amor puede provenir de muchos sitios y de muchas maneras distintas. Me hizo comprender que la vida no es sólo lo que yo esperaba de ella o lo que me habían enseñado de ella.

Si mi relación con Lucas había terminado no volvería a empezar por mucho que pensara en ella. No podía volver al pasado y tampoco viajar hacia el futuro. Si estaba sola en ese momento debía de disfrutarlo y no esperar nada más de nadie que se cruzara por mi camino.

Me monte en Paqui y di la vuelta, con la esperanza de ver por última vez las caderas de Vanesa bailando con el aire. Pero no la vi. Vanesa desapareció. El camino era llano y recto y no había ningún sitio donde se pudiera esconder, simplemente desapareció. Apareció de pronto y tan de pronto se fue de mi camino.

Siempre pensé que Vanesa era una especie de  hada que irrumpió en mi vida para enseñarme que la magia aún existe.

Ahora no solo lo pienso, ahora lo sé.

1 comentario:

Nube tóxica