Después de dos horas de camino parecía que el sol nos daba una pequeña
tregua y decidimos descansar bajo el techado de una casa abandonada que
encontramos. La silueta de Vanesa andando parecia una danza ancestral
entre el cielo y la
tierra. Se contoneaba con todo lujo de detalles de una manera muy
sencilla. Sus cabellos no entorpecían su belleza, solo dibujaban el aire
que la acariciaba en cada movimiento.
Nunca me había sentido atraída por otra mujer. Realmente, no me sentía
atraída sexualmente por Vanesa, pero sí sentía cierta fascinación por su
ser.
Habíamos cruzado cuatro palabras y me sentía en el momento de saber más de ella.
-¿Para qué quieres saber de mí?
-No sé, para entablar conversación -dije algo cortada por su reacción- casi no sabemos nada la una de la otra y...
-¿Qué necesitas saber? -preguntó cortante Vanesa- ¿Cómo me llamo? Vanesa
ya lo sabes ¿De dónde vengo? Eso no tiene importancia ¿A dónde voy? Ni
siquiera yo misma lo sé. Nos pasamos media vida preguntándonos sobre los
demás y nunca nos paramos a conocerlos nosotros mismos. No importa lo
que te cuente de mi porque todo lo que diga en este momento pasará por
el filtro de tu imaginación y lo interpretaras de una manera u otra pero
jamás será fiel a lo que yo quiero contarte, a lo que de verdad yo soy.
Solo puedes conocer de mí lo que yo te de en este momento. Solo podemos
conocernos por los momentos que nos regalamos los unos a los otros. Esa
es la mejor manera de saber lo que quieras saber de cualquier persona.
Las palabras de Vanesa penetraron mi mente muy fuertemente haciendome ver cosas de mi misma que jamás había visto.
Siempre tuve la inmensa necesidad de agradar a los demás, y eso no me
había traido más que decepciones. Siempre he necesitado absorver el alma
de los demás desde el primer momento, sin dejarlos respirar, sin
dejarlos ser ellos mismos en ningún momento, sin dejarlos darme a
conocer su interior, sólo imaginandome lo que yo quería que hubiera
dentro de los demás pero sin pararme a encontrarlo por mi misma. Vanesa
era la primera persona que conocía realmente.
-Perdona si he sido un poco borde-dijo esbozando una leve sonrisa-pero
estoy harta de tener que decir quien soy y por qué esto y por qué lo
otro... He venido a... no sé donde porque necesitaba estar en no sé que
sitio y perderme durante un tiempo.
-Eso mismo me gusta hacer a mi, perderme y buscar mi libertad.
-Es curioso. Yo también busco la libertad, pero siempre ha de ser a
través de algo y eso me parece horrible. Necesitamos perdernos y no
somos capaces de hacerlo por nosotras mismas, necesitamos un coche.
-Pero no necesitamos a nadie que conduzca por nosotras.
-Bueno, en tu caso no, pero yo sí que lo necesito y aquí me veo buscando almas rodantes que me acompañen a ninguna parte.
Volvimos a quedarnos en silencio. Vimos anochecer juntas sintiendo solo el respirar la una de la otra.
-Tendríamos que irnos ya ¿no?
-Es buena idea, vete tú -dijo Vanesa muy convencida- yo prefiero quedarme aquí mirando las estrellas.
-Pero...-mascullé preocupada- no hay nada por aquí cerca y podria pasarte algo ¿Cómo volverás a casa?
Vanesa sonrió y tomó aire. Después me dijo:
-Necesito ser libre todo el día. Necesito ser libre de día y también de
noche. El cielo maravilloso que la naturaleza hoy me ofrece es lo que de
verdad me apetece. No puedo montarme en un vehículo y volver a ninguna
parte sólo porque es tarde, sólo porque no tengo la certeza de cuando
podré volver. No sé cuando volverá a pasar alguien por aquí y ni
siquiera tengo la certeza de que alguien vuelva a pisar esta tierra
mañana, pero me da igual. Necesito vivir el presente y mi presente -alzó
la mirada arriba- es ese cielo brillante, mágico.
Volví a pensar en mi misma, en cómo, durante gran parte de mi vida, solo
había hecho cosas esperando otras a cambio sin disfrutarlas en ese
momento; cómo había mirado siempre al futuro sin disfrutar el presente.
Vanesa me estaba enseñando demasiadas cosas en demasiado poco tiempo.
Con su discurso no me entraron ganas de quedarme allí contemplando las
estrellas con ella, aunque su presencia me fascinaba realmente. Su
discurso me hizo tener ganas de volver a casa y poner orden en mi vida,
de volver a hacer las cosas con el corazón y menos con la supuesta
lógica que nos rodea.
-He de irme-le dije tajante-gracias.
-Buen viaje-me dijo mientras se daba la vuelta y continuaba el camino hacía el lado contrario.
Me sorprendió mucho que no dijera nada más, quizás ya había vuelto a
esperar demasiado de alguien. Vanesa me había dado más que otra persona
en mucho tiempo. Con su fugaz aparición en mi vida me enseñó a amar de
verdad. Comprendí que el verdadero amor no se dice, aprendí a que el
verdadero amor puede provenir de muchos sitios y de muchas maneras
distintas. Me hizo comprender que la vida no es sólo lo que yo esperaba
de ella o lo que me habían enseñado de ella.
Si mi relación con Lucas había terminado no volvería a empezar por mucho
que pensara en ella. No podía volver al pasado y tampoco viajar hacia
el futuro. Si estaba sola en ese momento debía de disfrutarlo y no
esperar nada más de nadie que se cruzara por mi camino.
Me monte en Paqui y di la vuelta, con la esperanza de ver por última vez
las caderas de Vanesa bailando con el aire. Pero no la vi. Vanesa
desapareció. El camino era llano y recto y no había ningún sitio donde
se pudiera esconder, simplemente desapareció. Apareció de pronto y tan
de pronto se fue de mi camino.
Siempre pensé que Vanesa era una especie de hada que irrumpió en mi vida para enseñarme que la magia aún existe.
Ahora no solo lo pienso, ahora lo sé.
Muuu ricooooo!
ResponderEliminarhemos aprendido mucho de Vanesa.