-¿Esto es Sevilla?
-Sí-respondí precipitadamente.
Él se levantó, dio las gracias y se giró para coger su maleta. Yo seguí adelante, hasta la puerta de salida. Cuando el tren paró me precipité a través de sus puertas al frío exterior. Frío. Humedad. Llevaba zapatillas y mis pies se enfriaron rapidamente. Sabía que no lo volvería a ver ni a oir...
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Nube tóxica