lunes, 28 de marzo de 2011

Los días laborables


Joyitas que caen en tus manos y no puedes hacer otra cosa que no sea compartirlo con los demás. Ahí os dejo unos poemas sacados de este maravilloso libro "Los días laborables" de Inmaculada Mengíbar.

Tango de noche

Él me habló de la magia de las sílabas tristes, del temblor de unos versos de sauce. Él me ofreció el más bello silencio para huir a los ámbitos y al mar de los latidos dichos a media voz. Fue una noche alquilada a una luna imprevista. Como sacada de una novela rosa y gris. Recorrimos las calles del alcohol y los besos, y yo estrené las ganas de romper a vivir. Compartimos estrellas, recueros y portales en donde era posible creer en la ilusión, El silencio de entonces se transformó en pupilas, y mi pasado en sólo un mal poema de amor. Yo no sé si comprendes que a pesar de su engaño hoy no quiero morirme, que quiero anochecer perdida en la mentira dulce de cada vaso de luz y de ginebra que me voy a beber. Yo no sé silo quise, pero anduvo conmigo una noche en la que era muy hermoso soñar. Llévame tango abajo hacia la noche aquella, para hacerla pedazos hasta poder llorar.

SUPÓN QUE AHORA TE DIGO QUE TE QUIERO,
que te he querido siempre, aunque tal vez
se trate de esta música,
de cómo huyen los árboles, la avenida y el tiempo
en el retrovisor. Se van, se quedan,
como tu voz, tus ojos, cuando ya no estás tú,
las palabras hermosas que rescato cuando hablas
o esos paisajes tristes que una vez vimos juntos.
Quizá sea la música, no sé, pero se llena
el corazón de pronto de lunas que se quiebran,
de farolas y adioses,
de ojos verdes, lejanos,
de boleros prestados para decir te amo.

Supón que ahora te digo que te quiero.
Y qué importa, las noches
son tan descaradamente mentirosas.


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