lunes, 28 de marzo de 2011

Era un día cualquiera, ni muy frio, ni muy nada, cualquiera. Estaba sentada en un banco esperando a nadie. No era el banco de un parque, no. Era el banco de una avenida, una avenida muy grande, ancha y larga llena de personas vacías que no se paraban a mirar.

Ahi estaba yo, en medio de esa nada, en medio de esos nadies, sola y esperando. Esperando a nada.
Entonces, llegó él, con su sonrisa, con sus ojos. Se acercó, como si supiera que en realidad lo estaba esperando a él. Realmente lo sabía, no esperaba nada, esperaba sus ojos otro día más.

Ese día me acompañó al final de mis sueños, y después se marchó. Juro que volvería y yo simplemente lo creí. Jamás volví a verlo, jamás como aquel día.

Y ahora pululo por las calles más perdida que antes buscando unos ojos que ya no saben donde mirar. Buscando unos ojos que me mataron una noche, un día, una vida. Buscando...

Buscando nada, porque ya no espero nada

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nube tóxica