lunes, 28 de marzo de 2011

Era un día cualquiera, ni muy frio, ni muy nada, cualquiera. Estaba sentada en un banco esperando a nadie. No era el banco de un parque, no. Era el banco de una avenida, una avenida muy grande, ancha y larga llena de personas vacías que no se paraban a mirar.

Ahi estaba yo, en medio de esa nada, en medio de esos nadies, sola y esperando. Esperando a nada.
Entonces, llegó él, con su sonrisa, con sus ojos. Se acercó, como si supiera que en realidad lo estaba esperando a él. Realmente lo sabía, no esperaba nada, esperaba sus ojos otro día más.

Ese día me acompañó al final de mis sueños, y después se marchó. Juro que volvería y yo simplemente lo creí. Jamás volví a verlo, jamás como aquel día.

Y ahora pululo por las calles más perdida que antes buscando unos ojos que ya no saben donde mirar. Buscando unos ojos que me mataron una noche, un día, una vida. Buscando...

Buscando nada, porque ya no espero nada

Los días laborables


Joyitas que caen en tus manos y no puedes hacer otra cosa que no sea compartirlo con los demás. Ahí os dejo unos poemas sacados de este maravilloso libro "Los días laborables" de Inmaculada Mengíbar.

Tango de noche

Él me habló de la magia de las sílabas tristes, del temblor de unos versos de sauce. Él me ofreció el más bello silencio para huir a los ámbitos y al mar de los latidos dichos a media voz. Fue una noche alquilada a una luna imprevista. Como sacada de una novela rosa y gris. Recorrimos las calles del alcohol y los besos, y yo estrené las ganas de romper a vivir. Compartimos estrellas, recueros y portales en donde era posible creer en la ilusión, El silencio de entonces se transformó en pupilas, y mi pasado en sólo un mal poema de amor. Yo no sé si comprendes que a pesar de su engaño hoy no quiero morirme, que quiero anochecer perdida en la mentira dulce de cada vaso de luz y de ginebra que me voy a beber. Yo no sé silo quise, pero anduvo conmigo una noche en la que era muy hermoso soñar. Llévame tango abajo hacia la noche aquella, para hacerla pedazos hasta poder llorar.

SUPÓN QUE AHORA TE DIGO QUE TE QUIERO,
que te he querido siempre, aunque tal vez
se trate de esta música,
de cómo huyen los árboles, la avenida y el tiempo
en el retrovisor. Se van, se quedan,
como tu voz, tus ojos, cuando ya no estás tú,
las palabras hermosas que rescato cuando hablas
o esos paisajes tristes que una vez vimos juntos.
Quizá sea la música, no sé, pero se llena
el corazón de pronto de lunas que se quiebran,
de farolas y adioses,
de ojos verdes, lejanos,
de boleros prestados para decir te amo.

Supón que ahora te digo que te quiero.
Y qué importa, las noches
son tan descaradamente mentirosas.


domingo, 27 de marzo de 2011

He añorado el beso que nunca me has dado.
He sentido el abrazo que nunca existió.
He vivido por las miradas que no me regalaste.
Y he perseguido, hasta mi última hora, el anhelo de tu corazón.
He acariciado cada día tu recuerdo inexistente.
He sentido los escalofríos de quererte y el frío de perderte.
Ya no me miŕas más. Mejor así. Mejor en el olvido. Mejor en el vacío. Mejor en las líneas expuestas. Mejor con palabras sin letras. Mejor sin amor. Mejor sin el beso. Mejor en la nada. Mejor en las horas ya pasadas. Mejor en las nubes de mi entendimiento. Mejor como un loco traicionero que como viejo reconocido. Mejor sin sal. Mejor sin gusto. Mejor odiando que queriendo. Mejor con agua. Mejor sin el fuego de las miradas. Mejor sin lágrimas. Mejor estando cuerdo. Mejor sin ti.
El rumor de las olas no consigue apaciguarme.
Hoy lo he pensado otra vez.
Mejor estar muerto que vivo, si en vida no tengo libertad.
Se marchita.
Me ahoga.
Ya me ha ahogado.
Siento como crujen mis ojos cerrándose al agua que tristemente los acaricia en el eterno baile de la muerte. Un último adiós para ellos.

Ya no siento.

Mi vida se derrumba.
Creí tener toda una fortaleza construida alrededor de mí y no era más que un castillo de naipes. Un soplo lo vuelca. Se muere. Se marchita. Se acaba.
Me suponía tan fuerte que necesitaba beberme a bocanadas el aire y ya no puedo ni tragar ni mi propio aliento.
Todo lo que creí ser.
Todo lo que me enorgullecía ha muerto.
No existo. He muerto también.

Me duele la espalda

sábado, 26 de marzo de 2011

Miedo, siento miedo

Para empezar
diré que es el final
no es un final feliz
tan sólo es un final
pero parece ser que ya no hay vuelta atrás.

Sólo te di
diamantes de carbón
rompí tu mundo en dos
rompí tu corazón
y ahora tu mundo esta burlándose de mi.

Miedo
de volver a los infiernos
miedo a que me tengas miedo
a tenerte que olvidar.

Miedo
de quererte sin quererlo
de encontrarte de repente
de no verte nunca más.

Oigo tu voz
siempre antes de dormir
me acuesto junto a ti
y aunque no estás aquí
en esta oscuridad la claridad eres tu.

Miedo
de volver a los infiernos
miedo a que me tengas miedo
a tenerte que olvidar.

Miedo
de quererte sin quererlo
de encontrarte de repente
de no verte nunca más.

Ya se que es el final
no habrá segunda parte.
Y no se cómo hacer para borrarte.

Para empezar
diré que es el final.

Miedo
de volver a los infiernos
miedo a que me tengas miedo
a tenerte que olvidar.

Miedo
de quererte sin quererlo
de encontrarte de repente
de no verte nunca más.

Y aquí en el infierno
oigo tu voz.


¿Por qué ha pasado el tiempo?


Y con él la sencilla sonrisa que se dibujaba en el aire a cada instante.
Y con él se fueron las ansias de crecer, la necesidad de sentir, ver el tiempo pasar, el aire acariciar al mundo con el único sentido de volver a nacer con cada mirada que me regalabas todos los segundos que mi mirar era solo tuyo.

El tiempo ha pasado demasiado rápido y ha dejado muchos recuerdos vacíos. Ahora me paro a recordar, a mirar atrás, y el tiempo ha dejado muchos momentos llenos que en mi mente sólo sentían vacío. Mi memoria utópica de la nada se ha borrado porque en todos los momentos que he recordado había algo. Algo de necesidad, algo de felicidad, algo de orgullo, algo de presión, algo de embriaguez ante la vida...algo que no sé muy bien lo que es. Estoy enamorada del momento que ya no soy. Estoy segura de mi misma cuando ya no sé si lo soy.

El tiempo me pincha en el cuello y me duele, me duele tanto que ya no sé si son pinchazos o punzadas hirientes desde un puñal lleno de odio.
No sé si es el tiempo.

El tiempo...

¿Por qué ha pasado el tiempo?




La bajonaza


Dícese del horrible caso en el que, después de beber para olvidar, no haces otra cosa sino recordar, y todo lo que podría ser alegría, conviertase en un llanto. Dícese del período en el que su cuerpo se encuentra invadido por la embriaguez del dolor y la desesperanza. Dícese de una época en la que lo único que quieres hacer es huir y desmayarte, que todo pase pronto, olvidarte. Dícese de mi.

lunes, 21 de marzo de 2011

Toda la vida buscando la soledad, buscando el estar conmigo misma, y cuando me encuentro sola, sola de verdad, sola sin nadie, sola sin nada...busco a gritos la compañía.
No sé de quién, no sé de qué, pero busco no ensordecerme con el aullido de mis ansias.
No sé que necesito, no sé que pido.
Busco algo y no sé que.

Ahora no hay nada que acalle mi agonía.
Ahora me siento sola, sola de verdad, sola hasta conmigo misma, sola hasta con esa persona que jamás pensé que me sentiría sola.

Sola, completamente sola...y me aterra la idea de estar así por mucho más tiempo.

Horas, sólo son horas...interminables horas...
No soporto la distancia.
No soporto el ruido del aire cuando no estás.
No soporto el olor del frío cuando se mezcla con el calor de tu ausencia.
No soporto el vendaval de tu mirada cuando ya no estás aquí.
No soporto el rocío de la mañana cuando ya no moja tus pisadas.
No soporto el sonido de la ciudad si no tengo con quien compartir.
No soporto hacer algo para nada.
No soporto el vacío.
No soporto.

viernes, 18 de marzo de 2011

Volar, volar, huir, escapar, salir, salir, salir de aqui


Me encantaría salir por patas.
Volar sin tener que darle explicaciones a nadie.
Quitarme de en medio.
Olvidaros a todos.
No saber más quien sois...

Desaparecer.
Huir.

Llenar una mochila con paisajes, con lenguas, música, con ganas de respirar, con agua.
Llenar mi cuerpo de marcas negras.
Pies sucios.

Incomunicación.
Que nadie me encuentre...irme...a donde nadie me encuentre...VOOOOLARRR


Me encanta viajar sin alas.
Recorrer los sentidos sin la necesidad de volar.
Probar el dulzor de las plantas, de los ríos, de los manantiales llenos de mar, aunque no son mar, son agua.
Elijo cada segundo para exprimir el jugo de su zumo de naranja, dulce, agrío, pegajoso...todo a la vez.
Sueño sin estar dormida.
Espero...
Y vivo esperando.
Soy la esperanza que espera.
Me encantaría alimentarme a lágrimas.
Me encantaría hacerte crecer con ellas, acercarte.

Estas lejos...estas cerca...¿donde estas?

Tomo a las estrellas como granos en la arena, insignificantes piezas de luz que no pueden quemarme. Siento como el agua del mar cura mis heridas con su sal, su sal picante.

Una ilusión, una desilusión más, cosas que no se pueden tapar, todo mejor donde está, en el lugar de los recuerdos, de los recuerdos imaginados.

Quiero llenarte de regalos, quiero regalarte lo mejor para mi. Quiero llenarte la vida de recuerdos imaginados por mi y para ti.

¿ Lo peor ?... que no existes.

Me siento vacía.

Me siento vacía un día, y otro...cuando me acompañan solo agarran un rato mis ganas...pero este fuego se desata, este fuego por ti.

Por ti.

Por ti, sólo por ti.

Esa persona inexistente, ese delirio, esa canción que no se sale de mi cabeza, ese olor, ese recuerdo imaginado, ese frasco de colonia, esa brisa marina...esa cosa que personifica.

Por la espera.

Por la esperanza.

Por la esperanza que espera.

Por la esperanza que espera y que esperará.

Una respuesta.

Un camino.

Una vuelta.

Una vuelta más.

Una vuelta de tuerca más.

Una vuelta de tuerca más, y otra más...hasta que la tuerca se rompa.

Al máximo.

Al límite.

Hasta donde nadie pudiera imaginarlo...hasta ahí...y un poquito más allá.

Bañarme en el aire....

Como te ha ido el día.
Cuanto has esperado a verme.
Cuanto has necesitado mirarme.
Cuanto has deseado sacarme de aquí.
Cuanto tiempo has esperado para matarme.
Un millón de formas para decir que no.
Mil maneras de decirlo sin hacer daño.
Otras tantas solo para ofender.

La negativa siempre presente para hacer lo que de verdad quieres.

Lo sé.

Aún no he aprendido a decir que no.

A veces creo, que ni tan siquiera sé reconocer un no para mi.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Ojalá algo te borrara de pronto.
Ojalá no volviera a verte.
Ojalá no tuviera que mirarte más.
Ojalá...
Ojalá pudiera ser otra persona.
Ojalá tus ojos me miraran como yo te miro a ti.
Ojalá...
Pero nunca...
Nunca pasará.
Nunca será el momento adecuado.
Nunca, nunca.

Nunca seré la persona adecuada...
Ojalá lo fuera.
Ojalá...
Ojalá mi corazón dejase de latir.
Ojalá pudiera dejar de respirar...

Ojalá el aire me llevará a ti...

Pero nunca lo hará.
Nunca estaré ahí.
Nunca.

Nunca sentiré el calor de tus caricias ni tu frío azul.
Nunca miraré debajo de tu hombro.

Ojalá lo hiciera.
Pero no.
Y me moriré...y me volveré a sentir vacía una noch
e más.
Un día más.
Y después sonreiré.

Volveré a fingir que todo está bien, le enseñaré a todos mi mejor cara.


Pero por dentro...